
En un ataque magistral contra la agenda eco-extremista de la izquierda, el presidente Donald Trump, junto con el secretario del Interior Doug Burgum, han abierto la caja de Pandora de independencia energética.
Han revertido la absurda prohibición impuesta por Joe Biden, abriendo más de 625 millones de acres para la perforación y exploración de petróleo y gas.
Esta medida es nada menos que una declaración de guerra contra los progresistas que quieren ver a los Estados Unidos de rodillas.
En una maniobra ridícula y cobarde al final de su mandato, Biden tenía la intención de estrangular nuestra economía bajo el pretexto de «cambio climático».
Pero Trump y Burgum han dicho «¡Basta!» a este intento de convertir a los Estados Unidos en una nación dependiente y débil.
Es hora de que Estados Unidos recupere su grandeza energética, reviviendo una industria que proporciona empleos a millones y asegura nuestra soberanía.
En un discurso ardiente y decidido, Trump proclamó:
«No dejaré que la izquierda radical dicte cómo debemos vivir o cómo debemos usar nuestros propios recursos. Vamos a perforar, cariño, taladremos. Estados Unidos se levanta de nuevo.»
La industria energética y los patriotas de todo el país han aplaudido esta decisión.
Esta maniobra es un desafío directo a la ideología verde de la izquierda, que demuestra que no estamos dispuestos a rendirnos al chantaje ambiental.
En las redes sociales, los ciudadanos han mostrado su apoyo bajo el lema: «Trajo, bebé, taladro»
El presidente Trump anunció que los 625 millones de acres que Biden prohibió la perforación en sus últimos días en el cargo están una vez más disponibles para futuros arrendamientos de petróleo y gas.
Aunque esta acción se enfrenta a desafíos legales, ya que Biden intentó usar la Ley de Tierras de la Plataforma Continental Exterior para imponer su prohibición, Trump y Burgum están listos para luchar por lo que es el derecho de Estados Unidos.
No dejaremos que la burocracia o los jueces con agendas políticas detengan nuestro progreso.
El impacto económico será devastador para los detractores del sentido común, trayendo empleos, bajando los precios y asegurando nuestra independencia.
Los progresistas pueden llorar por su «economía verde», pero la realidad es que sin petróleo y gas, Estados Unidos no será la potencia que merece ser.
Esta acción de Trump y Burgum es más que una política energética; es una batalla por el alma de Estados Unidos.
Es un mensaje claro tanto para los enemigos internos como externos: Estados Unidos no se inclinará ante la ideología falaz de la izquierda.
Taladraremos, y lo haremos con orgullo. ¡Taladrar, cariño, taladrar!