La revelación de que la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos, bajo la administración Obama, buscó la ayuda de la alianza de inteligencia «Cinco Ojos» para vergilar a los asociados de Donald Trump antes de las elecciones de 2016 es un recordatorio escalofriante de los extremos a los que el Estado Profundo irá para proteger sus intereses y desafiar a sus adversarios. (Los países de los Cinco Ojos son Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda). Esta bomba, reportada por un equipo de periodistas independientes, expone un capítulo oscuro de la historia política estadounidense, donde, según se informa, se movilizaron los servicios de inteligencia extranjeros contra un candidato presidencial.

La supuesta operación contra Trump y sus asociados, que es anterior al inicio oficial de la investigación del huracán Crossfire del FBI, es un claro ejemplo de militarización política de la inteligencia. La participación de aliados extranjeros en la vigilancia de los ciudadanos estadounidenses bajo el pretexto de la seguridad nacional plantea serias preguntas sobre la integridad de nuestros procesos democráticos y la autonomía de las operaciones de inteligencia de nuestra nación.
La narrativa que se ha impulsado durante años, de que la investigación sobre la campaña de Trump comenzó con un consejo australiano sobre un asistente jactactancioso de Trump, ahora parece ser una cubierta para un esfuerzo más extenso y coordinado para socavar a Trump. Si los informes son precisos, la inteligencia británica comenzó a atacar a Trump en nombre de las agencias de inteligencia estadounidenses ya en 2015, mucho antes de que se afirmara la narrativa oficial.
Las implicaciones de esto son profundas. Sugiere un nivel de colusión sin precedentes entre las agencias de inteligencia de los Estados Unidos y sus homólogos extranjeros para influir en el resultado de una elección presidencial estadounidense. El uso de la inteligencia extranjera para eludir las leyes estadounidenses y las limitaciones de vigilancia representa una grave amenaza para la soberanía de nuestra nación y los principios de la democracia.
El hecho de que, según se informa, esta operación se iniciara a instancias de funcionarios de alto rango dentro de la administración Obama, incluido el director de la CIA, John Brennan, solo se suma a la gravedad de la situación. La supuesta identificación de Brennan de los asociados de Trump para su vigilancia por parte de la alianza de los Cinco Ojos, y la directiva de «golpear» o hacer contacto con ellos, ilustra una estrategia deliberada para enredar la campaña de Trump en una red de sospechas e intriga.
Además, la presunta participación de la inteligencia extranjera en la elaboración de la narrativa de la colusión de Rusia no solo deslegitima la investigación posterior, sino que también pone de relieve la voluntad de ciertos elementos dentro del gobierno de los Estados Unidos de explotar las asociaciones internacionales para obtener beneficios políticos nacionales. Esta revelación exige un examen exhaustivo y transparente para garantizar que tales abusos de poder sean sacados a la luz y severamente castigados para disuadirlos de que se repitan.
A medida que surjan más detalles, es imperativo que el público estadounidense exija la rendición de cuentas de aquellos que orquestaron y ejecutaron esta operación. La santidad de nuestro proceso electoral y la confianza en nuestras agencias de inteligencia están en juego. No debemos permitir que la politización de la inteligencia no se controle, ni podemos tolerar la participación de potencias extranjeras en nuestros procesos democráticos.
Fuente: https://www.zerohedge.com/political/obamas-cia-asked-foreign-intel-agencies-spy-trump-campaign